El hombre Errante

Adrián llevaba tiempo vagando solo por los caminos, cuando se encontró con Olaya. Ella también estuvo encerrada en el manicomio, cuando los doctores no fueron capaces de curarla, tuvo que ser una enfermera, la única que le habló claro sin ambages, antes de que se rindiera. Los psiquiatras con su ineptitud, pretendían alargar su agonía eternamente. Eulalia le aconsejó que ignorara sus opiniones, ella no necesitaba tomar ningún medicamento y le enumeró las cuatro reglas que terminarían salvándole la vida. Mi nueva novela ya está a la venta en Amazon.

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